AGUSTIN ESKUBI URTIAGA guarda recuerdos de una infancia feliz. Nacido en una familia numerosa, tanto su padre Nikolas, como su hermano mayor Juan, militantes de ANV-EAE y su hermano también  miembro del sindicato STV, eran claros referentes de conciencia política.  Debido a ello, Agustín se acuerda, por ejemplo, de las huelgas de octubre de 1934 y del ambiente social que se respiraba por aquel entonces en Durango.

Levantamiento fascista y estallido de la guerra
Agustin tenía catorce años aquel julio de 1936 cuando se sublevaron los militares fascistas. Batallones de milicianos y gudaris llegaron a Durango y, en cierto modo, Durango se convirtió en un pueblo militarizado. Agustín recuerda que en Durango había mucho carlista y que en el ambiente flotaba una gran tensión, puesto que era bien conocido que los carlistas habían estado formándose militarmente antes del levantamiento fascista.

Bombardeo de Ezkurdi y asalto de la cárcel
El 25 de septiembre de 1936 dos aviones de la aviación fascista lanzaron bombas sobre el frontón de Ezkurdi provocando varias muertes. La mayoría de los muertos eran milicianos que se encontraban jugando a pelota en el frontón. Agustín recuerda que los compañeros de los milicianos muertos se pusieron furiosos y se dirigieron a la cárcel de Durango con sed de venganza. Su intención era sacra de la cárcel a los racionalistas recluidos en la misma.

Testigo de lo sucedido, Agustín se corrió a avisar a su hermano Juan y el resto de los responsables del orden público cuyas oficinas se encontraban en la casa de Ampuero (Gran Hotel hoy en día). Para cuando Juan Eskubi y sus compañeros llegaron a las puertas de la cárcel de Durango el ambiente estaba muy caldeado. Agustín cuenta que tanto su hermano Juan como otros durangueses trataron de apaciguar los ánimos de los milicianos pero ante la amenaza de dispararles de estos cedieron y los milicianos se hicieron con la cárcel. Los presos tradicionalistas fueron llevados al cementerio de Durango y fusilados sin juicio previo. Agustín puede rememorar la escena puesto que se encontraba subido al muro del cementerio y lo vio todo. También recuerda que su hermano Juan estaba muy furioso por lo sucedido.

Bombardeo de 31 de marzo, evacuación y chocolate
Para Agustín aquella mañana del 31 de Marzo todo sucedió muy rápido: oír el rugido de la sirena y tener los bombarderos encima fue cosa de poco tiempo. Recuerda que se escondió en una carbonera de Konbentukalea y que salió todo negro de carbón cuando cesó el ruido de las bombas. El paisaje de muerte y destrucción con el que se encontró era terrible.
Agustín ayudó en la evacuación de los heridos. Recuerda como si fera hoy como tuvieron que parar una docena de veces por los ataques de los cazas que los ametrallaban cuando iban transportando heridos a Amorebieta. Después de enterrara  los muertos y atender a los heridos, llegó la hora de evacuar Durango.

En Durango apenas quedaban civiles y su hermano Juan le dijo a Agustín que se dirigiera a Bilbao puesto que gran parte de la familia ya se encontraba allí. Sin embargo, aquel chaval de quince años, incluso en ese entorno brutal de la guerra, tenía una idea que le ocupaba la mente. En Durango había una tienda de chocolates y allí una pieza enorme que lo obsesionaba. A pesar de que Durango era aún bombardeada y ametrallada repetidamente, Agustín pasó por la tienda de chocolate, cogió aquella gran pieza (del tamaño de un balón, según cuenta), la metió en la mochila y se dirigió, a pie, hacia Bilbao.

De Bilbao a Liverpool
A la llegada de Agustín, la situación en Bilbao no es que fuera muy halagüeña. Su hermano, Juan Eskubi, organizó la evacuación de la familia y el destino de Agustín y su hermano Nikolas fue Inglaterra. Aquella primavera, en el barco Habana, junto con otros cuatro mil niños y niñas, Agustín partió hacia Inglaterra desconociendo que le llevaría más de dos décadas volver a su país.

Cuando llegaron a Inglaterra, al principio los niños y sus responsables fueron instalados en un campamento. Más tarde irían encontrando acomodo para la mayoría de ellos y Agustín llegaría a Liverpool. Pasó un largo tiempo sin que Agustín tuviera noticias de sus familiares. Por mediación del Gobierno Vasco supo que su madre se encontraba en Francia y, puestos en contacto, se enteró que su padre estaba en la cárcel en Burgos.

La noticia del fusilamiento de su hermano la tuvo gracias a una carta que le envió una enfermera vasca. El golpe fue terrible puesto que desconocía, incluso, que su hermano estuviera en la cárcel.

Agustin Eskubi Urtiaga llegó a Inglaterra con quince años y no pudo regresar a su pueblo natal durante muchos años y cuando lo hizo, lo hizo de visita. Su vida se desarrolló en Inglaterra.