DESAPARICIÓN

José María Sarrionandia Negugogor, soltero, nacido en Durango el 20-03-1908, desapareció hacia final de junio o principio de julio de 1937 en Cantabria. Pertenecía al batallón Kirikiño donde hacía funciones de intendencia y tesorería.

Sabemos que formaba parte de un grupo de personas (algunas –si no todas- oficiales), entre las que se encontraba Iñaki Ochoa de Chinchetru Oñate, su amigo personal, y también oficial del mismo batallón. Tras la caída de Bilbao, pretendían partir hacia Francia en barco. Ninguno del grupo lo consiguió. Nuestra tía Miren (Durango 1919-Bilbao 2012) refería que alguien más que pensaba unirse al grupo se salvó por no llegar a tiempo al punto de encuentro.
La familia no pudo recabar información fidedigna alguna sobre los hechos que originaron su desaparición ni tampoco determinar su paradero. Sus padres albergaban la esperanza de que algún día aparecería.

Tenían la creencia de que el barco en que huían habría sido hundido. Según decían, además de nuestro tío José María e Iñaki Ochoa de Chinchetru, en el barco irían también otras personas y conocidos de Durango (mencionaban a Zubiri...).

Hace un tiempo leímos en prensa un artículo que sugería que el grupo en que presumiblemente iba (se cita a Ochoa de Chinchetru, Zubiri, Otazua, Andima Orueta y otros) habría sido asesinado y/o arrojado al mar desde el Cabo Mayor de Santander por un grupo dirigido por un desalmado llamado Manuel Neila Martín (jefe de la “checa” de la calle del Sol de Santander), de afiliación socialista, que acosaba a los vascos en su intento de huída, y que previamente ya había intervenido en innumerables y crueles crímenes contra presuntos enemigos de la República o contra víctimas de su ambición y de su codicia.

Hay otra descripción posiblemente del mismo hecho, hecha por el Lehendakari Agirre, donde señala como víctimas a Zabalo (médico), Orueta (redactor de Euzkadi), Gorostiaga y Lasa (empleados del departamento de Comercio y Abastecimientos), y Juan Luis Biziola (jefe de impuestos de la Diputación de Bizkaia); narración que sitúa los hechos a final de junio de 1937, y en la que no se indica qué ocurrió con los cadáveres aparecidos sobre las rocas, si fueron inhumados o si todos fueron identificados. (1)

Según la mayoría de fuentes señalan, entre ellas la del historiador cántabro Enrique Menéndez Criado, autor de una documentada tesis doctoral sobre la represión de todo signo en Cantabria, no está acreditado que el despeño se utilizara de forma sistemática en el Cabo Mayor de Santander para acabar con la vida del enemigo (como algunas voces del bando vencedor pretendieron hacer creer), si bien sí está contrastado que un grupo de nacionalistas vascos fueron asesinados de este modo en la fecha de la desaparición de nuestro tío.

Tenemos la certeza de que miembros de su grupo llegaron a Santander y de que algunos fueron detenidos en la segunda quincena de junio.
Varios cadáveres aparecieron a partir de julio en las playas cercanas arrastrados por las corrientes (uno de ellos tenía documentación), fueron llevados a la morgue del Hospital de Valdecilla, descritos y anotados en los registros, e inhumados como “desconocidos” en tumbas individuales del cementerio de Ciriego (Santander). Los cadáveres corresponderían a los vascos asesinados.

JOSEMARI Y FAMILIA

En familia, Josemari, como hermano mayor y por su carácter y personalidad, era un referente fundamental para todos los demás miembros.
Su desaparición supuso un punto de inflexión a partir del cual nada volvió a ser igual.

En el plano personal, se estaba acercando a una edad a partir de la cual ya se calificaba como “chico viejo” a quien continuaba soltero. Era un tema que le preocupaba pese a que despertaba admiración y a que ya contaba con alguna amistad femenina más estrecha.

En el ámbito profesional trabajaba como empleado en entidad bancaria.

La música era una de sus principales aficiones. Al parecer, José Cruz Gabiola Lazpita, organista de Andra Mari, con quien trabajaba en el banco, había observado en él ciertas dotes y le había instruido en el solfeo y en el piano. En ocasiones, tocó el órgano de la parroquia de Andra Mari. También era integrante de la banda municipal de música, donde tocaba el clarinete. Además, solía adaptar piezas para funciones musicales y para las diversas voces que participaban en ellas.

Era, en definitiva, una persona carismática e involucrada en muchas actividades de la comunidad.

Del mismo modo, se comprometió en el ámbito político y de reivindicación laboral. Fue, al igual que su padre y el primo de éste, uno de los primeros militantes nacionalistas de Durango y, en esa faceta, ejerció como asiduo colaborador en el diario Euzkadi, donde escribía bajo el seudónimo de El Corresponsal. Además, fue miembro del cuadro dramático del Batzoki Tabiratarra y director del coro del batzoki de Durango. También fue miembro de la ejecutiva de Solidaridad de Empleados Vascos. (2)

Su familia estaba formada por:
-    los progenitores Juan María Sarrionandia Agirre (53 años) y Celestina Negugogor Garitaonandia (54 años).
-    las hermanas María (25 años), Begoña (23 años), Miren (Garbiñe) (17 años). 
-    el hermano Abelin (15 años). - el primo soltero de su padre, llamado Juan María Sarrionandia Momoitio- Duñabeitia (63 años).

Residían en un edificio de varias plantas, propiedad de este último, situado frente a la iglesia de Andra Mari (hoy, Andra Mari kalea no 10). Accedían a la vivienda a través del portal que estaba en la calle Barrenkale no 1, dado que la totalidad de la planta baja del edificio que daba a la plaza de Santa María estaba ocupada por la amplia tienda, donde se podía encontrar todo tipo de enseres (muebles, lámparas, artículos para el hogar, vajillas, decoración, etc...).

Su dueño, Juan María  Sarrionandia Momoitio-Duñabeitia (Durango 1874-Bilbao 1951), hijo de Antero Sarrionandia y de Lucía (Luke) Momoitio-Duñabeitia, era un significado nacionalista del municipio que, ya en la relación de afiliados de 1915 figuraba con el número 5 (2). Juanito, como se le conocía, era aficionado al boxeo, deporte que practicaba. Desde la tienda, a través de una radio gramola, emitía las informaciones de guerra. La gente se concentraba en la plaza de Santa María a escucharlas. Algunos carlistas observaban a través de la cortina de sus ventanas...

Como todos los de la zona, el edificio resultó dañado en el bombardeo. Según información familiar, la orden de demolición dictada fue debida a represalias políticas. A juicio de la familia, era un edificio sólido y los daños ocasionados no eran estructurales y podrían haber sido reparados, aunque es cierto que todos los cristales de puertas y ventanas estaban rotos...

Al respecto, consta en los archivos cómo Juan María Sarrionandia Momoitio- Duñabeitia solicitó permiso para la rehabilitación y le fue denegado. Es de reseñar que en la calle Barrenkale solo dos casas figuran con orden de derribo en la “Relación de los daños ocasionados por la guerra en los inmuebles de la villa de Durango” de 1938, y en la plaza Santa María únicamente una casa tiene orden de derribo, también de otro afiliado nacionalista.

La casa fue demolida. Posteriormente, el 13-04-1938, la Comisión Provincial de Incautación de Bienes de Vizcaya, autorizó al ayuntamiento a utilizar los materiales de derribo “mediante el inventario y liquidación correspondientes”.

Desconocemos quién se hizo con el solar, lugar en el que se construyó el edificio que hoy permanece.

Sobre el bombardeo de Durango Miren recordaba cómo le había sorprendido sola, cuando realizaba algún recado. Conservaba en su retina la visión de un cadáver que encontró al correr hacia su casa y pasar junto al pórtico de Andra Mari; “se hubiera desintegrado de haberlo tocado” –decía-. Una vecina le alertó de que el resto de la familia había salido a refugiarse hacia las afueras. Cuando los encontró, permanecieron todo el día escondidos bajo un árbol. Los aviones volaban tan bajo que podían ver la cara de los pilotos. Recordaba también el estado de histeria en el que se sumía su hermana mayor María (Durango 1911- Bilbao 2000) cada vez que pasaban los aviones.

Al día siguiente, Miren y nuestro padre, los más jóvenes, fueron enviados a Garai, lugar de origen de nuestra abuela Celestina, para salvaguardarlos de cualquier otra calamidad.
Celestina Negugogor Garitaonandia (Garai 1882-Bilbao 1971) había nacido junto a la iglesia de San Miguel “en la casería Garay Echevarria”, propiedad de la familia Zubiaurre (hoy destinada al turismo rural). Tras la muerte de su madre, empezó a trabajar como sirvienta en Durango con 8 ó 9 años de edad, en la casa de Uribasterra.

Miren no olvidaba nunca tampoco que, meses antes del bombardeo, había sido testigo de cómo llevaban a un grupo de hombres presos entre los que reconoció, cabizbajo, a uno con quien habían mantenido una relación muy cordial. “Era un buen hombre” –decía-. Fueron luego fusilados en represalia por los muertos en el frontón de Ezkurdi.
Posiblemente fuera entre el bombardeo en marzo-1937 y la toma de Durango en abril-1937 cuando todos los miembros del núcleo familiar abandonaron el municipio y partieron como refugiados hacia Bilbao. Temían represalias por la significación política de la familia.

Juan María Sarrionandia Agirre (Durango 1884-Bilbao 1962) (2), nuestro abuelo, también uno de los primeros militantes nacionalistas de Durango, de profesión carpintero y ebanista, trabajaba en el ferrocarril. Era integrante de la banda municipal de música, donde tocaba el bajo, y pertenecía al Orfeón Durangués.
La madre de Juan María, Higinia Agirre Madariaga, había tenido un comercio/almacén junto a la iglesia.

Como otra dedicación, Juan María solía realizar encargos frecuentes para las monjas carmelitas, entre las que se encontraba la prima de su mujer, Pía Balenciaga Negugogor (Adoración del Santísimo Sacramento, Garai 1888-Durango 1991). Esta tarea fue continuada posteriormente por su hija Miren hasta que se vio imposibilitada. La actividad le obligaba a trasladarse a Durango con asiduidad, por lo que constituyó para ella un último y significativo nexo de unión con la villa.

Begoña Sarrionandia Negugogor (Durango 1913-Bilbao 2002) (2), nuestra tía, formaba parte del grupo de “emakumes” duranguesas y era miembro activo del batzoki tabiratarra en el que participaba como intérprete en obras teatrales y de canto. Supimos del miedo de la familia a que Begoña fuera capturada, rapada y paseada por el municipio...

Tras el bombardeo y durante un tiempo Juan María Sarrionandia Agirre se desplazó todas las tardes desde Bilbao a Durango para cuidar de la casa, que había quedado abandonada. Permanecía en la vivienda toda la noche provisto de un palo con el que, eventualmente, hacer frente a quien pretendiera entrar a robar. Por las mañanas se hacía con las escasas pertenencias que podía transportar y las trasladaba al piso que habían alquilado en Bilbao.

A esta circunstancia se refería nuestro padre Abelin (Durango 1921-Portugalete 2013) a través del único recuerdo de esa época que nos transmitió: su álbum de cromos había quedado en la casa, y, en su primer retorno antes del adiós definitivo, corrió escaleras arriba en un vano intento por recuperarlo; no lo encontró.
La familia apenas conservó alguno de sus bienes.

Tras la caída de la localidad, todos los artículos de la tienda fueron sacados a la plaza para que cada cual cogiese lo que quisiera.

Otras pertenencias, como el piano labrado que tocaba nuestro tío Josemari, había sido puesto bajo el recaudo de una familia, que tras la guerra, cuando nuestro abuelo trató de recuperarlo, negó que lo tuviera; al menos, un reloj de pared también quedó en manos de quien se prestó a custodiarlo.

Todo lo ocurrido en ese período marcó para siempre a la familia SARRIONANDIA NEGUGOGOR, que no volvió a residir en Durango y empezó una vida distinta en Bilbao.
Solo Miren nos contó sus impresiones sobre la guerra: “Que esto no vuelva a ocurrir jamás” –añadía siempre-.

Sus hermanas María y Begoña, y nuestro padre Abelin prefirieron silenciar sus recuerdos.

Referencias:
(1) Obras Completas de José Antonio Aguirre, Ed. Sendoa, San Sebastián 1981, vol. I, pp. 772-
(2) Nacionalismo Vasco en Durango 1893-1937. Román Berriozabal. Fundación Sabino Arana, 1996 p 487 (Ver referencias de cada persona)


Garbiñe, Nekane y Estibalitz Sarrionandia Anda
2017-04-28